Título: La violencia que aprendimos
Autor: Iker Andrés Escudero
Editorial: Talón de Aquiles
Número de páginas: 145
Primera edición: 2026
Rústica: 20,00 €
Sinopsis
Un anciano en un pueblo castellano mira sus manos agrietadas y ya no las reconoce. En Madrid, su nieto despierta cada noche con el pecho cerrado, perseguido por imágenes de un campo que nunca ha pisado.
Entre ambos, décadas de silencio y un cuaderno que aparece donde no debería, con frases escritas en una letra que el viejo reconoce como suya, pero que hablan de cosas que no recuerda haber vivido.
En el verano de 1936, un niño vio algo desde un pajar junto a una acequia seca. Lo que entonces se calló no desapareció: pasó de un cuerpo a otro, dejando una herencia invisible que nadie supo nombrar.
Reseña
La violencia que aprendimos es la primera novela de Iker Andrés Escudero. Estudiante de Ingeniería Química Industrial en Gijón y e inspector de calidad en Avilés. Estamos ante una exploración íntima y descarnada de cómo el trauma de la posguerra española se transmite entre generaciones de hombres educados para callar, y de la frágil, nunca garantizada, posibilidad de romper ese silencio.
El abuelo acaba de encontrar un cuaderno de su infancia, lleno de anotaciones sobre el campo, el jornal y su vida diaria. Pero, entre sus páginas, regresa a su memoria un acontecimiento que había dejado apartado y que ahora emerge desde lo más hondo de sus recuerdos. El nieto, por su parte, duerme mal. Se ve a sí mismo en el campo, escondido en un pajar, observando cómo un grupo de hombres carga con otro y lo abandona cerca de un árbol. Después se oye un ruido. Luego, el silencio. El abuelo no deja de pensar en aquella época de posguerra, en todo lo que tuvo que callar, porque los hombres no lloraban y aprendían a guardar silencio para sobrevivir. El nieto, cada vez más inquieto, no entiende qué le está pasando ni por qué unos recuerdos que no ha vivido están ocupando todo su pensamiento.
La novela de Iker llegó a mis manos gracias a la Librería Momo de Gijón. A veces es arriesgado iniciar lecturas de autores desconocidos, que publican en editoriales pequeñas, pero cuando la librera me dijo que esta merecía la pena, no dudé.
La trama se centra en los eventos traumáticos que vivió el abuelo de niño, en aquella España de la posguerra, y que nunca se atrevió a contar. Desde su propia voz narrativa, nos describe cómo le enseñaron que los hombres no debían llorar; que su padre leía en su mirada lo que le ocurría, pero no decía nada. Nadie se atrevía a alzar la voz para no sufrir, en aquellos tiempos, unas consecuencias irreparables para ellos y sus familias.
Justo enfrente está su nieto, que no ha vivido nada de aquello y que, con su propia voz, nos cuenta qué le impide dormir. Son recuerdos que han llegado de repente y que no logra comprender. Él representa la otra cara, la otra generación: la que va a terapia, la que necesita expresar lo que siente y no guardarse nada dentro. La novela se centra mucho en esa idea: en cómo las generaciones pasadas no podían mostrar en público sus emociones, porque hacerlo se interpretaba como una señal de debilidad, y en cómo ahora todo parece tener un porqué y una definición. Hoy existen herramientas para gestionar cada estado emocional y quizá, ya a título personal, incluso demasiadas para justificarlo absolutamente todo.
A nivel narrativo, está bien escrita y el texto fluye. Aunque en la mayoría de los capítulos nos indica quién habla en cada momento, hay algunos donde están ambas voces y queda bastante claro cuándo habla el abuelo y cuándo el nieto.
En definitiva, la novela de Iker es un gran descubrimiento y creo que no debemos perder de vista sus futuras publicaciones.




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